Voy manejando camino a mi trabajo por el “Circuito de Playas” de la Costa ¿Verde? rumbo al Callao como todas las mañanas. Luego de pasar por el vía crucis en el que se ha convertido la subida/bajada de “Productores”, me comienzo a relajar pues usualmente después de ese tramo maldito el tráfico se normaliza. Pero no, esta vez apenas unos metros después de pasar la estación de gasolina Repsol me encuentro con una larguísima fila de autos que parece interminable. ¡Maldita sea! pienso, pero me distraigo imaginando el terrible accidente o el aparatoso derrumbe que seguramente ha causado esta cola desesperante y que probablemente encontraré más adelante.
Ha pasado casi media hora y ya estoy muy cerca de la última salida por donde por fin subiré para tomar la avenida La Paz y acelerar el paso nuevamente, no sin antes ver qué diablos es lo que ha causado tamaño atolladero. Grande es mi sorpresa al darme cuenta de que la causa de mi mal humor durante los últimos treinta minutos no es un accidente de tránsito, ni un derrumbe, ni una manifestación, ni nada por el estilo. No señores, todo este infierno es producto únicamente de la presencia de policías de tránsito “dirigiendo” el tráfico. Así como lo oyen, no hay zanja de por medio, ni calles bloqueadas, ni nada, simplemente policías “ayudándome” a transitar por donde normalmente paso rápidamente y sin ningún problema. Otra vez pregunto: ¿quién carajo toma estas decisiones? ¿Quién es el animal que manda policías a dirigir el tránsito donde no se necesita y sin el equipo mínimo necesario para cumplir su labor adecuadamente (ni siquiera tienen radios para comunicarse entre ellos y coordinar el pase de los autos)? y peor aún, ¿quién es el necio que hace lo mismo al día siguiente conociendo el resultado desastroso que tuvo su infeliz decisión la vez anterior?
Todo esto sucede frente a enormes letreros con la carasa de Alan García anunciando la nueva y ampliada Costa Verde, gran inversión que resulta inútil si es que primero no se hacen cosas más simples y “cantadas” como por ejemplo habilitar una pista de doble vía hacia el lado del mar para evitar que la gran mayoría de conductores que no quiere subir a San Isidro tenga que pasar por el cuello de botella endemoniado que se forma en “Productores” (donde la pista pasa de tener dos carriles en cada sentido a sólamente uno). Mientras tanto, el Circuito de Playas ha dejado de ser la via rápida que desahogaba tremendamente el tráfico de los distritos que bordea y ha pasado a ser un instrumento de tortura más. Ya no la uso, la evito cada vez que puedo, y lo peor de todo es que las alternativas no son mejores. La verdad es que todo es una buena mierda.
Cosas como esta son las que me hacen pensar que el tráfico en Lima no tiene arreglo. Pueden aprobar el reglamento de tránsito que quieran, elevar las multas hasta el infinito, pero si no se capacita a la gente (conductores, policías y burócratas) esto nunca va a cambiar.
Los dejo con dos frases que bien podrían ser útiles para nosotros los usuarios y para la inoperante Autoridad Autónoma de la Costa Verde:
“El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas”
William George Ward
“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”
Albert Einstein

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