No me quedaba otra que comenzar este blog tocando el tema del parque automotor y el transporte público en mi querida y a la vez odiada Lima. No se si sea el tópico más interesante que puedo tocar pero definitivamente es el que más me saca de quicio y con el que más bilis hago.
Comencemos por las combis y obviemos por un momento su deplorable estado, sus condiciones inseguras, su sobre-oferta y la nube maldita de humo negro que dejan a su paso. Enfoquémonos primero en sus conductores. ¿Qué onda con estos tipos? No solamente manejan como el culo sino que en su gran mayoría son prepotentes, abusivos, atolondrados, desconsiderados, vulgares y sucios (no me refiero a que sean desaseados sino a la manera descarada como arrojan cáscaras de fruta, envolturas de dulces, papel higiénico y todo lo que usted pueda imaginar a las ya de por sí sucias y polvorientas calles limeñas). Es inconcebible como estos choferes no tienen el menor reparo en detenerse en luz verde cuando el “datero” les indica que andan holgados o en pasarse la luz roja cuando están apurados. Tampoco parece importarles avanzar por el carril izquierdo para luego cruzar tres carriles a último momento con el objetivo de recoger a algún pasajero, todo esto en avenidas con el carril de la derecha claramente destinado exlusivamente al transporte público.
Claro que uno podría andar prevenido y tener un mapa mental de los paraderos para evitarlos en la medida de lo posible, pero es por demás, cualquier esquina es paradero para estos infelices, ni siquiera esquina, todo vale, ¡hasta los carriles del medio y de la izquierda!
Parece que las autoridades no han notado la sobre-oferta que existe en este rubro pues siguen otorgando licencias de ruta como quien da una bendición. Y hablando de autoridades, a estas alturas ya a todos nos debe quedar claro que la policía no hace ni el más mínimo esfuerzo en hacer que los choferes de combi respeten las reglas de tránsito pues saben que si les ponen una multa, ellos se cagan en la noticia y no la pagan (ya después el gremio hará huelga exigiendo amnistía) y si no se las ponen no recibirán coima alguna, a lo más un par de soles.
Dejando las combis de lado, nos damos el lujo de permitir la importación de autos usados, prácticamente chatarra, que no hacen más que provocar accidentes y contaminar ininterrumpidamente el medio ambiente. Es indignante ver cómo los tubos de escape de estos autos botan un humo negro tan denso y macabro que poco falta para que se caiga a la pista después de abandonar a su infeliz productor. Claro que para evitar esto tenemos las revisiones técnicas… ya mejor ni comienzo con ese tema. Y por si fuera poco, nuestro iluminado congreso acaba de prolongar la autorización de importación de autos chatarra hasta el 31 de diciembre del 2010, el colmo del populismo sin vergüenza.
La cereza que corona la torta del caos que les comento es la “impecable” planificación de nuestros alcaldes y las empresas de luz, cable, gas, agua y desagüe. ¿Quiénes son los encargados de autorizar la avalancha de zanjas y reparaciones que sufren nuestras pistas? ¿un grupo de monos?. No pasa un mes sin que mi ruta al trabajo se vea interrumpida por una pista en reparación o una zanja abierta exactamente en el mismo lugar donde 15 días antes se había cavado otra.
Los dejo con una cita de Bob Marley que al interpretarse literalmente puede ser usada un momentos de “crisis” en el tráfico limeño:
“Life is one big road with lots of signs. So when you riding through the ruts, don’t complicate your mind. Flee from hate, mischief and jealousy. Don’t bury your thoughts, put your vision to reality. Wake Up and Live!”

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