Sé que se trata de un tema polémico pero no por eso voy a dejar de tocarlo y dar mi punto de vista al respecto.
Comencemos por lo primero señores, DIOS NO EXISTE, todo lo que se organiza a su alrededor son simplemente supersticiones. Lo digo así, puro y duro porque creo que a las creencias religiosas se les guarda un respeto inmerecido. ¿Por qué cuándo una persona creyente afirma la existencia de un dios omnipotente, omnisciente, con la capacidad de responder a la misma vez a los rezos de millones de personas y con la capacidad de alterar a su voluntad las leyes que rigen el universo, inmediatamente uno dice cortésmente que respeta sus creencias sin tener que sustentarlas mientras cualquier teoría postulada por un científico tiene que ser cuestionada, probada y sustentada hasta el cansancio? ¡Por favor! ¿Si mañana se me ocurre creer en un unicornio rosado que vive en el fondo del mar no tengo que probar que existe?
Tal y como dijo el genial comediante George Carlin: “La religión ha llegado a convencer a la gente de que hay un hombre invisible, que vive en el cielo, que mira todo lo que haces, cada minuto del día. Y este hombre invisible tiene una lista especial de diez cosas que no quiere que hagas. Y si haces alguna de esas diez cosas, él tiene un lugar especial, lleno de fuego y humo y tortura y angustia, donde te enviará a vivir y sufrir y arder y ahogarte y gritar y llorar para siempre hasta el fin de los tiempos… pero ¡él te ama!”
Estoy en contra de las religiones y la creencia en la existencia de cualquier dios sobrenatural porque creo que son una carga para el desarrollo humano y científico. Pienso que el mundo ha llegado al nivel de desarrollo actual (con todos sus inconvenientes) a pesar de las religiones y no gracias a ellas. Basta nada más citar a Martin Luther cuando decía: “La razón es el más grande enemigo de la fe; nunca sale en defensa de los temas espirituales y frecuentemente se enfrenta a la palabra divina.” Tanto así que hasta ahora hay gente que cuestiona la teoría de selección natural de Darwin que explica perfectamente la evolución de las especies y aniquila toda posibilidad de existencia de un dios intervencionista y “diseñador”.
Ojo que lo que niego es la existencia de un dios sobrenatural, todopoderoso que tenga la capacidad de crear e intervenir en el universo y no la idea Einsteiniana de dios que se resume más o menos en decir que dios es la total admiración por la estructura del mundo hasta el punto que la ciencia puede describirlo.
Me indigna la ignorancia que pretenden inculcar los creyentes “creacionistas” que afirman que dios creó el universo de acuerdo a las “sagradas escrituras”. Si esto fuera cierto el universo no podría tener más de seis mil años y los dinosaurios habrían habitado la tierra hace tres mil, ¡junto con los humanos! Señores, el universo tiene billones de años, los dinosaurios habitaron la tierra hace no menos de 65 millones de años, no se trata de un error trivial, ¡es igual a decir que la distancia entre New York y San Francisco es de nueve metros!
Me jode el fundamentalismo con que los creyentes afirman que la verdad y la fuente de valores morales y el discernimiento entre el bien y el mal están escritos en algún libro sagrado, ya sea el Antiguo Testamento de los judíos, el Nuevo Testamento de los cristianos, el Corán de los musulmanes, o la sagrada Piby de los rastafarianos. Tomemos como ejemplo el Antiguo Testamento, fuente de inspiración y sabiduría tanto para Judíos como para Cristianos. En palabras Richard Dawkins, uno de los científicos más influyentes de nuestro tiempo y laureado profesor Charles Simonyi del Entendimiento Público de la Ciencia en la universidad de Oxford:
“El dios del antiguo testamento es discutiblemente el personaje de ficción más desagradable de todos los tiempos: celoso y orgulloso de serlo; un control freak nimio, injusto y rencoroso; un limpiador étnico vengativo y sediento de sangre; un matón misógino, homofóbico, racista, infanticida, genocida, filicida, pestilente, megalomaniaco, sadomasoquista y caprichoso.”
Como prueba de que la cita anterior no se aleja de la verdad, tomemos algunos pasajes del antiguo testamento:
Los pecadillos de Abraham:
Abraham fue el padre fundador de las tres grandes religiones monoteístas (la cristiana, la judía y la islámica). Su estatus de patriarca le da un nivel algo menor al de dios pero casi como el de él para ser tomado como modelo de vida. Pero veamos lo que hizo Abraham. Este hombre fue a Egipto para combatir una hambruna junto con su esposa Sarah. Se dio cuenta de que una mujer tan hermosa como Sarah sería deseada por los egipcios y por lo tanto su propia vida, al ser él su esposo, correría peligro. Es así que decidió hacerla pasar como su hermana, y como tal, fue llevada al harem del faraón gracias a lo cual Abraham se vio favorecido con riquezas por parte del monarca. A dios no le gustó este arreglito así que mandó plagas al faraón y a su casa (¿por qué no a Abraham?). El entendiblemente molesto faraón exigió saber por qué Abraham no le había dicho que Sarah era su esposa y los echó de Egipto. No contento con esto, Abraham trató de hacer el mismo truquito con Abimelech, rey de Gerar, con los mismos resultados.
Claro que esto no es nada comparado con la famosa ocasión en que Dios le pide a Abraham que haga una fogata y sacrifique a su querido hijo Isaac. Abraham armó el altar de sacrificio y amarró a Isaac a la parte superior. Cuchillo en mano, Abraham ve la dramática intervención de un ángel que al último minuto le dice que dios ha cambiado de opinión, que sólo se trataba de una “bromita” para tentarlo y probar su fe. ¿Moraleja? Ni idea. ¿Modelo de vida? No lo creo. Cualquier moralista moderno no dejaría de preguntarse cómo un niño podría recuperarse de ese terrible trauma. Para mí, lo único que esta historia desgraciada muestra es un ejemplo de abuso de poder, abuso infantil y matonería. Y no me digan que al final dios fue bondadoso porque le “salvó” la vida a Isaac pues en otra historia, (Jueces, capítulo 11) el líder militar Jephthah hace un trato con dios mediante el cual le ofrece sacrificar lo primero que salga a su puerta a recibirlo a su regreso a cambio de una victoria sobre los Amonitas. Efectivamente Jephthah venció a los Amonitas (con una gran matanza, cortesía de Dios) y retornó a casa victorioso. Como era de esperarse, su hija, su única hija, salió a darle la bienvenida a la puerta de su casa con cantos y bailes de emoción y ¡mira tú!, ella fue el primer ser viviente en recibirlo. Entendiblemente Jephthah se rasgó las vestiduras pero no le quedó otra que cumplir con su parte del trato. Dios obviamente esperaba ansiosamente la ofrenda prometida y bajo esas circunstancias la hija accedió decentemente a ser sacrificada. Lo único que pidió a cambio fue que dios la dejara ir a las montañas por un mes para deshacerse de su virginidad. Al final de este periodo, la hija retornó a su casa y Jephthah la cocinó. Dios no encontró conveniente intervenir en el último minuto esta vez…
La destrucción de Sodoma y Gomorra:
En este episodio, el equivalente a Noé en la historia del diluvio, el escogido para salvarse junto con su familia porque era especialmente virtuoso, fue Lot, sobrino de Abraham. Dos ángeles varones fueron enviados a Sodoma para advertirle a Lot sobre la destrucción inminente de la ciudad de modo que pueda escapar con su familia a tiempo. Lot recibió amablemente a los ángeles en su casa e inmediatamente una turba de sodomitas rodeó su casa exigiéndole que les entregue a los forasteros para “sodomizarlos” (¿qué más podía ser?). Lot se niega a entregar a los ángeles pero le ofrece a los hombres de la turba que se lleven a sus dos hijas vírgenes para que hagan con ellas lo que quieran. Sea lo que sea que esta extraña historia signifique, de todas maneras nos dice algo sobre el respeto que se tiene hacia las mujeres en esa cultura intensamente religiosa.
Sin embargo, Lot no tuvo que llevar a cabo su oferta pues los ángeles fueron capaces de repeler a la turba dejando a sus integrantes milagrosamente ciegos. Inmediatamente después los ángeles le dicen a Lot que debe abandonar la ciudad con su familia y animales pues ésta iba a ser destruida. Todos escaparon con excepción de la infortunada esposa de Lot a quién dios mató convirtiéndola en una columna de sal por que cometió la terrible ofensa de ¡voltear a ver los fuegos artificiales!
Para terminar una historia ya de por sí retorcida, Lot se refugia con sus hijas en unas cuevas de la región montañosa y ahí embaraza a ambas. Imagínense, ¡este hombre era lo mejor de Sodoma y Gomorra según dios pues decidió salvarlo a él!
Historias como la de Abraham y la de Lot se repiten a lo largo del antiguo testamento y es obvio que no pueden ser tomadas como un modelo de vida ni fuente de moral ni de discernimiento entre el bien y el mal. Los creyentes dirán que no hay que tomar las sagradas escrituras de manera literal sino que hay que escoger lo que es bueno e imitable, a lo que yo respondo: entonces ¿para qué carajo las leo si es que finalmente voy a ser yo el que decida qué es bueno qué es malo? ¿Por que darle ese valor sagrado e infalible a obras de ficción? La verdad es que no hay razón.
Me molesta también el respeto y la reverencia que se guarda ante las religiones cuando éstas son el origen de muchas de las guerras y los genocidios que han azotado a nuestra especie. Recordemos nada más a las cruzadas, la santa inquisición, la exterminación religiosa en los Balcanes, la actual invasión de Israel en la franja de Gaza, el ataque a las torres gemelas, los ataques a clínicas de aborto en EE.UU. por parte de fundamentalistas cristianos, los “problemas” entre católicos y protestantes (eufemísticamente llamados nacionalistas y realistas) en Irlanda del norte, y un larguísimo etc. En palabras de Sean O’ Casey: “La política ha matados sus miles, pero la religión ha matado sus decenas de miles.”
Me saca de quicio la religión porque indudablemente es una fuerza que divide a la gente, no tanto por las diferencias de fondo en las creencias sino por la etiqueta que pone a las personas. Sin religiones no existirían esas etiquetas y por lo tanto tendríamos una forma menos de identificar a un “enemigo” al cual enfrentarnos. En India, en la época de la partición, más de un millón de personas fueron masacradas en revueltas religiosas entre hindúes y musulmanes (y quince millones fueron desplazadas de sus hogares). No había más etiquetas que las religiosas para identificar a quien matar. Finalmente, no había nada más que los dividiera fuera de la religión.
Señores, basta de creer en supersticiones descabelladas y en personajes terribles de ficción. Aceptemos la vida como es y maravillémonos ante ella, no saciemos nunca nuestra sed de conocimiento y no dejemos de cuestionarnos nada. Si queremos seguir “mandamientos” sigamos los propios, por ejemplo acá les presento una lista que encuentro bastante razonable:
- No hagas a otros lo que no quieres que te hagan.
- En todas las cosas que hagas, trata de no causar daño.
- Trata a los demás seres vivientes y al mundo en general con respeto, amor y honestidad.
- No dejes pasar las maldades pero estate dispuesto a perdonar al que honestamente se arrepiente.
- Vive la vida con un sentido de goce y admiración.
- Siempre busca aprender algo nuevo.
- Cuestiona todo, siempre contrasta tus ideas con los hechos y estate listo para descartar hasta la creencia más querida si es que ésta no está de acuerdo a ellos.
- Nunca busques censurar, respeta el derecho de los demás de estar en desacuerdo contigo.
- Fórmate opiniones independientes basadas en tu propio razonamiento y en tu propia experiencia; no sigas ciegamente a nadie.
- Disfruta tu propia vida sexual (siempre y cuando no dañe a nadie más) y deja que los demás disfruten la suya en privado cualesquiera que sean sus inclinaciones, que dicho sea de paso no son asunto tuyo.
- No discrimines u oprimas a nadie en función a su sexo, raza y de ser posible especie.
- No adoctrines a tus hijos. Enséñales a pensar por sí mismos, a evaluar evidencia y a estar en desacuerdo contigo.
- Valora el futuro en una escala de tiempo mayor a la tuya.
Los dejo con una frase del genial Mark Twain que refleja la actitud que creo que hay que tener frente a la vida y la muerte.
“No le tengo miedo a la muerte. He estado muerto por billones de billones de años antes de nacer y no he sufrido el menor inconveniente por ello”

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